PRIMERA FASE DE LA RESTAURACIÓN IGLESIA PARROQUIAL DE SAN ANDRÉS APÓSTOL

En la tarde del 24 de noviembre del año 2014 comenzaba a fraguarse el proceso de restauración de la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, cuando el Cabildo de la Ilustre Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén y Nuestra Señora de la Paz aprobó por amplia mayoría el proyecto de rehabilitación de nuestra sede canónica. La iglesia llevaba cerrada desde 1999, año en el que se realizó la última salida procesional desde la misma. Desde entonces, la Cofradía ha sufrido el peregrinaje que todos conocemos, habiendo permanecido en cuatro templos diferentes y realizado innumerables traslados entre unos y otros.

Durante todo este tiempo, la Curia diocesana promovió la intervención en la iglesia de San Andrés, acometiendo el arreglo de todas las cubiertas y fachadas, permitiendo que un templo del siglo XVI, y de los primeros de nuestra ciudad, no acabará reducido a un mero escombro. Así pues, su aspecto exterior podía inducir a pensar que las obras de restauración estaban finalizadas, pero nada más lejos de la realidad. En el interior la situación era totalmente distinta, a pesar de que se ejecutara una cámara antihumedad y relleno del terreno, de que la iglesia contara con una nueva solera de hormigón donde colocar el futuro pavimento y de que se empezaran a adecuar zonas como el presbiterio. Aún quedaba mucho trabajo por hacer. A pesar de ese esfuerzo, la iglesia de San Andrés permaneció 18 años cerrada, sin ninguna intervención más, debido a la difícil situación económica que se atravesaba.

Una vez que la Cofradía decidió acometer el proceso de restauración y reapertura del templo y teniendo en cuenta la capacidad económica de la misma, se planteó que el proceso fuera por fases, pudiendo abordarse en esta primera fase el acondicionamiento de tres cuartas partes de la nave central y el pie de la torre. La intervención que se planteaba era "provisional" en la medida en que el objetivo final fuera la puesta en uso de la totalidad del templo. Por ello, determinados criterios del proyecto consideraron esa circunstancia de temporalidad y se optó por materiales y trazados que no se corresponden con los que se encontrarían en la rehabilitación definitiva. Por lo tanto, se trataba de una intervención parcial, que permitiría la reapertura al culto de la iglesia tras 18 años y el regreso a la sede que vio nacer a la Cofradía.

Con el informe favorable de la Comisión Provincial de Patrimonio de la Consejería de Cultura, tras la obtención de la correspondiente licencia municipal y bajo la dirección del arquitecto don Antonio Martín Muñoz, comenzaban las obras el día 10 del mes de octubre del 2016.

Paso a paso la calle Elvira pudo ver cómo aquel templo, que era el eje de la que durante varios siglos fue la vía principal de la ciudad y que parecía haber sido olvidado por todos, volvía a recobrar vida. La retirada del mallazo y lona colocados en la base de las fachadas para evitar pintadas y otras agresiones, de los arbustos que durante años crecieron en la acera o la entrada y salida de camiones con materiales y escombros, demostraban que algo que parecía imposible, se estaba convirtiendo en un hecho.

Antes de poder comenzar la obra, la constructora tuvo que retirar el material que estaba acopiado al interior de la iglesia y limpiar lo máximo posible la zona que sería objeto de intervención. Además, se procedió al cierre de huecos que tenía la iglesia, fruto del paso del tiempo, con tela de acero galvanizado para impedir la entrada de palomas y se repasaron los cierres existentes. Igualmente, si el estado de la iglesia no era el más adecuado, el de la casa adosada a la nave lateral derecha era aún peor. Por eso, se tuvo que proceder a su consolidación mediante tirantes y apeos, para evitar un posible derrumbamiento. Una vez finalizados estos trabajos iniciales tan necesarios, por fin podía comenzar la intervención definitiva.

Así pues, se anclaron pilares metálicos sobre cemento, fijados en el suelo de hormigón existente, previo picado del mismo,que sostendrían las futuras paredes de separación entre la nave central y las laterales, formadas por cerramientos con paneles de yeso laminado y perfilería metálica, fácilmente reversibles y con la suficiente integración en el monumento.

Siguiendo el mismo criterio de “provisionalidad” de la propuesta y para facilitar la iluminación natural, las zonas altas de estas separaciones se completaron con placas de policarbonato celular translúcido. Una vez fijadas las paredes a las distintas columnas de la nave central, hubo que picar todo el recubrimiento de éstas, debido a la humedad de las mismas y volver a cubrirlas con materiales que soporten mejor la humedad. En ese proceso se pudo ver cómo debajo de la apariencia neoclásica de la iglesia, fruto de la restauración hecha tras el incendio de 1818, se encuentra la primitiva mudéjar, permitiendo ver cómo las columnas no sólo no tenían forma rectangular, sino que eran redondeadas y tenían una apariencia muy distinta, además de descubrir pilastras y capiteles mudéjares. 

Paralelamente se trabajó en la consolidación del coro de la iglesia, mediante la colocación de un pilar metálico que pudiera soportar su peso. Además, se instaló el cancel, con sus puertas, que había sido retirado en las obras primeras de restauración de la iglesia. Para ello, fueron limpiadas, restauradas y protegidas las escuadrías de madera previamente, así como todo el techo del cancel, que es el suelo del propio coro. Proceso similar sufrió la puerta de la iglesia, que fue retirada y llevada a los talleres de carpintería para ser limpiada y restaurada en su totalidad. En la parte exterior de la iglesia, se procedió a la consolidación de la portada de piedra, obra de Juan de Marquina, y a la limpieza de la fachada y eliminación de grafitis y suciedad fruto del tiempo y del poco respeto por el patrimonio por parte de algunas personas. 

Una vez finalizados estos trabajos, hubo que comenzar la reparación y ejecución de los revestimientos (ladrillo, yeso, escayolas, morteros de cal, entre otros materiales), de la parte de la nave central que se intervenía, junto con la instalación eléctrica y alumbrado. Además, anexo a la base de la torre, se construyó un aseo, debido a la nueva distribución del templo, con los materiales anteriormente mencionados y con la instalación de fontanería, saneamiento y ventilación. En el pie de la torre, se procedió a la limpieza del alfarje y al recubrimiento de las paredes, junto con la limpieza y restauración del arco que permitía la entrada a esa zona. Finalmente se colocó una puerta de dos hojas y un baño de luz oculto para iluminar el pie de la torre.

Como cierre final de la nave central, se realizó una puerta de grandes dimensiones, en la zona del nuevo presbiterio, donde hoy día se encuentra el Cristo de la Salud, y que permitiría alojar los pasos de la Cofradía tras ella. Una puerta que pocas veces se abriría, pero que lo haría para la salida procesional de los Titulares de la Cofradía de la Borriquilla en el Domingo de Ramos. Una vez finalizados estos trabajos, se instaló el suelo de la iglesia, pie de la torre y aseo, con hormigón fratasado en la nave y gres en el aseo. Ya sólo quedaba la pintura de revestimiento, trabajos de carpintería y cerrajería, junto con la instalación de las medidas de protección contra incendios.

Pasaron los meses y a pesar de las ganas e ilusión que había en que la iglesia estuviera abierta para la Semana Santa del 2017, como cualquier obra, su finalización se retrasó, impidiendo su reapertura antes del Domingo de Ramos pasado. Pero una vez finalizadas las obras, comenzaba un arduo trabajo a realizar por parte de la Cofradía: la limpieza y adecuación del templo que, por aquel entonces, ni siquiera parecía ser una iglesia.

Entre nervios e ilusión, a principios de marzo por fin se pudo acceder al templo y a la casa parroquial. Cada habitación que se abría, salón o rincón que se exploraba era un recuerdo que llevaba 18 años cerrado. Poder ver imágenes de la talla del Cristo de la Salud o la Virgen de las Angustias, junto con el resto de imágenes y obras que pertenecen a la parroquia, protegidas y guardadas a buen recaudo fue todo un privilegio.

Durante meses se trabajó en jornadas interminables para poder adecentar la nave principal y el resto de la iglesia que había quedado fuera de esta primera fase de intervención. El paso del tiempo, las ventanas sin cristales y las palomas que durante años habitaron en el templo, habían hecho estragos. Fueron semanas las que se dedicaron para conseguir poder ver el cemento del suelo, era tal la capa de polvo y tierra que había que se hacía una tarea imposible. Una vez que el suelo estaba lo más limpio posible, se pintó toda su superficie con pintura para hormigón, con el fin de poder usarlo y limpiarlo con más facilidad. Además hubo que restaurar los bancos, previa desinfección y lavado, instalar armarios y adecuar la zona donde se iban a guardar los pasos de nuestros Titulares, con la instalación de placas de policarbonato celular translúcido en todas las ventanas de la iglesia, con previo arreglo de la malla que tenían, para así impedir que animales, polvo, lluvia y frío entraran. Ya en la nave central, se instaló una tarima que permitiría que el altar mayor estuviera elevado, se construyeron unas peanas a ambos lados del altar, donde hoy se encuentran las imágenes de San Andrés y de la Virgen de las Angustias. Además, se instalaron anclajes en la puerta del presbiterio para la sujeción del Cristo de la Salud, junto con altares tanto en el presbiterio para ubicar el sagrario, como en los laterales de la nave principal para nuestro Titulares. Posteriormente, se colgaron cuadros de grandes dimensiones a ambos lados del presbiterio y unos doseles y cornucopias en la zona de nuestros Titulares.

En definitiva, fueron meses de trabajo incansable para permitir que hoy día la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol esté abierta, celebrando misa diaria y devolviendo al barrio de Elvira, a sus habitantes y a nuestra Cofradía, la vida y esencia que esa parroquia tuvo antaño y que nunca debió perder. Todo ese trabajo y valentía que ha demostrado tener la Cofradía para volver a recuperar su sede canónica, ha permitido ser aliciente para la creación de “Amigos de San Andrés”, que veía la luz el 15 de noviembre del pasado año y que surge como una nueva iniciativa que quiere sumarse al esfuerzo ya iniciado por nuestra Cofradía y así contribuir a mejorar y ayudar en la conservación y recuperación de la iglesia de San Andrés Apóstol. Desde la reapertura de la iglesia, son incontables las muestras de apoyo y reconocimiento que la sociedad granadina y las instituciones han tenido para con nuestra Cofradía por lograr reabrir un templo que parecía olvidado. Ojalá, sean muchos más los gestos de apoyo y ayuda que permitan que dentro de no muchos años veamos el templo reabierto en su totalidad.


Fotografías:

  • Jorge Moreno Fernández

 

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